Lobesia botrana
Lobesia botrana
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Lobesia botrana, conocida comúnmente como polilla del racimo de la vid o polilla de la vid, es la principal plaga de insectos lepidópteros que afecta a la vid a nivel mundial. Esta polilla es altamente específica de este cultivo, aunque ocasionalmente puede atacar a otras plantas como el acebo, el olivo y algunas especies del género Daphne.
Los daños son causados exclusivamente por las larvas y pueden ser devastadores. La polilla puede completar de 2 a 4 generaciones por año, dependiendo del clima, lo que multiplica su impacto. Las larvas de la primera generación se alimentan de los racimos florales, uniéndolos con hilos de seda y devorando las flores, lo que provoca la caída de estos y la reducción del número de bayas. Las larvas de la segunda y tercera generación atacan directamente a las bayas. Una larva puede dañar varios frutos. Perforan la piel de la uva para alimentarse de su interior, dejando excrementos que atraen moscas del vinagre y crean heridas por donde entran hongos patógenos como la Botrytis cinerea, causante de la podredumbre gris. Esto arruina la calidad de la uva para vinificación y puede causar pérdidas del 30% al 100% del valor de la cosecha.
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Aplicación de FuturCrop para la Coordinación del Control
El control eficaz de la polilla del racimo depende críticamente de una estrategia preventiva y generacional, ya que una vez que la larva penetra en la uva, se vuelve prácticamente inaccesible. FuturCrop permite esta gestión de precisión al predecir con 7 días de antelación los eventos clave de vuelo de adultos, puesta de huevos y eclosión para cada generación, sincronizando el monitoreo y las intervenciones con la fenología exacta de la plaga.
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Monitoreo con Feromonas y Determinación del Umbral de Intervención: Las alertas de Inicio de vuelo y Pico de vuelo de adultos para cada generación son la base del control. Indican el momento óptimo para colocar, revisar y contar las capturas en trampas de feromonas sexuales. Este monitoreo permite estimar la densidad de la población de machos. Un umbral de acción comúnmente aceptado es superar las 20 capturas por trampa en 15 días para la primera generación, aunque puede variar. Al superar este umbral, se justifica una intervención.
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Intervención en la Ventana Crítica (Control de Larvas Jóvenes): Las alertas más importantes son Primera puesta de huevos y Primera eclosión de huevos para cada generación. Estas definen la ventana de control óptima. El momento ideal para aplicar tratamientos larvicidas (insecticidas, reguladores del crecimiento de insectos o bioinsecticidas como Bacillus thuringiensis) es justo después de la eclosión masiva, cuando las larvas neonatas son pequeñas, se alimentan expuestas en la superficie de los racimos y son más susceptibles, antes de que penetren en las bayas. Para las generaciones 2 y 3, es fundamental proteger las uvas desde el inicio del envero.
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Gestión Generacional y Cierre de Ciclo: La alerta de que el 95% de adultos de una generación han finalizado el vuelo indica el fin del período de riesgo para ese ciclo. Esto permite evaluar la eficacia del tratamiento aplicado y prepararse para la siguiente generación. Para regiones con 3 generaciones, este ciclo de alertas y acciones se repite tres veces, permitiendo un control preciso y calendarizado a lo largo de toda la temporada.
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Integración de Métodos de Control no Químicos: Las alertas también permiten coordinar otras tácticas. La confusión sexual, que utiliza difusores de feromonas para saturar el ambiente e impedir el apareamiento, debe iniciarse con la primera alerta de vuelo de adultos. La liberación de machos estériles, una técnica más especializada, se sincroniza con los picos de vuelo para maximizar su eficacia en la reducción de la fertilidad de la población.
En resumen, FuturCrop transforma el manejo de la polilla del racimo de reactivo a predictivo. Al anticipar cada generación, el sistema permite: 1) monitorear con precisión usando feromonas en el momento correcto, 2) aplicar tratamientos larvicidas en la breve ventana de vulnerabilidad de las larvas jóvenes, y 3) integrar métodos de control no químicos de manera oportuna. Esto optimiza los recursos, protege la cosecha de manera más sostenible y es fundamental para una viticultura de precisión.




