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Circulifer tenellus

Circulifer tenellus

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Circulifer tenellus, comúnmente conocido como chicharrita de la remolacha, es un insecto vector de gran importancia económica. Es una plaga polífaga cuyas plantas hospederas principales incluyen la remolacha azucarera, el tomate, el pimiento, la papa, la espinaca y diversas solanáceas y malezas.

Los daños que causa son casi exclusivamente indirectos y devastadores, ya que el insecto actúa como vector principal de patógenos como el Virus del Rizado Superior de la Remolacha (BCTV) y diversos fitoplasmas. Al alimentarse de la savia, la chicharrita inyecta estos agentes en el sistema vascular de la planta, provocando enfermedades incurables cuyos síntomas incluyen severo amarillamiento, enanismo, proliferación anormal de brotes y el característico rizado y engrosamiento de las hojas, lo que conduce a la pérdida total del rendimiento y calidad de los cultivos afectados.

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El control de Circulifer tenellus se basa en sincronizar las acciones con las fases de su ciclo de vida que un sistema de alerta como FuturCrop es capaz de predecir.

El momento de mayor vulnerabilidad ocurre durante la fase de ninfas jóvenes recién eclosionadas. La predicción de la eclosión de huevos marca el inicio del periodo crítico.

  • Aplicación de tratamientos: La intervención con productos químicos o biológicos debe realizarse justo después de la eclosión masiva. Para cubrir posibles eclosiones escalonadas o nuevas infestaciones, puede ser necesario un segundo tratamiento unos días después. El objetivo es atacar a la población antes de que las ninfas desarrollen su movilidad y capacidad de transmisión de virus.

  • Liberación de control biológico: Si se emplean enemigos naturales, como ciertas avispas parasitoides, su liberación debe coordinarse para que coincida con la presencia masiva de ninfas jóvenes, su estado más susceptible.

  • Inicio del monitoreo: Las alertas de predicción indican el momento exacto para comenzar o intensificar el monitoreo en campo, con hasta 10 días de antelación, reemplazando los muestreos por calendario por una vigilancia basada en el riesgo real.

La estrategia debe centrarse en controlar la primera generación de la temporada, cuando la densidad poblacional es baja, para prevenir eficientemente la transmisión de virus y minimizar el número de intervenciones.

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