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Internet, las tecnologías de la comunicación, el big data, la Inteligencia Artificial conviven con el ciudadano día a día. Estas nuevas tecnologías están presentes en el ocio, en las comunicaciones, en la información que consumimos. Pero curiosamente esas innovaciones que todos utilizamos en el día a día no llegan a la agricultura, porque en el fondo el paradigma de agricultura que utilizamos es el mismo que el de hace 50 años. ¿Por qué fue tan fácil cambiar el paradigma de una agricultura tradicional a una agricultura intensiva, industrializada, consumidora de insumos químicos? Evidentemente es más fácil vender una tecnología que genera ingresos que una tecnología que mejora procesos y reduce costes

Sin embargo, algunos condicionantes para la agricultura han cambiado tanto que necesariamente la agricultura del futuro será una agricultura muy distinta a la actual. Evidentemente el aumento de las temperaturas por el cambio climático es uno de esos grandes condicionantes, pero no el único. El suelo agrícola es un recurso limitado y, en ocasiones, degradado, la producción depende excesivamente de insumos químicos que dañan la salud humana y el medioambiente, los mercados orientan la demanda, en ocasiones en contra de las prácticas agrícolas o la diversidad biológica.

Por un lado está la necesidad de responder a la gran demanda de alimentos; por otro, las zonas dedicadas a esta actividad no pueden aumentar, haciendo necesaria la optimización de los recursos. El sector agropecuario requiere de esas nuevas tecnologías a fin de aumentar la productividad y preservar el medioambiente.

Ya se pueden vislumbrar varias direcciones hacia el cambio de paradigma en la agricultura, que cuenta al menos con 2 factores:

Para asumir los nuevos retos y la nueva realidad, además del desarrollo de nuevas tecnologías, se requiere un cambio de actitud y un cambio en la manera de hacer las cosas. Algunos productores agrícolas han comenzado a realizar ese cambio de manera consciente, como una estrategia de futuro. Otros lo realizarán como reacción ante situaciones nuevas e inesperadas. El cambio climático es posiblemente el factor de mayor riesgo en la agricultura. Ante situaciones extremas, por ejemplo, una plaga o enfermedad desconocida para el agricultor, éste decide adoptar medidas preventivas, hacer la siembra de variedades resistentes, o cualquier otra medida que solucione el problema. Porque, de no hacerlo, no tendrá más cosechas en el futuro. Es un cambio rápido que responde a la adaptación necesaria en un momento de crisis extrema.

Pero la agricultura necesita la suma de muchos cambios permanentes, que permitan la sostenibilidad medioambiental, aumentar la productividad, mejorar el control de costes, la calidad de sus productos. Pero el cambio relevante no se hace frente a la situación de crisis sino por la motivación de superar la condición actual y buscar oportunidades de mejora.

De la visión de los agricultores depende la calidad de nuestros alimentos y la certeza de un medioambiente equilibrado y sostenible.

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