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Taxonomía de las plagas

Taxonomía de las plagas

Futurcrop - 21-05-2018

El sueco Carolus Linnaeus es considerado el creador de la clasificación de los seres vivos o taxonomía. En su gran obra Systema naturae, que con 13 ediciones supuso 35 años de trabajo, desarrolló en el siglo XVIII un sistema de nomenclatura binomial que aún se utiliza actualmente, basado en la utilización de un primer término, escrito en letras mayúsculas, indicativa del género, y un segundo término correspondiente al nombre específico de la especie, escrita en letra minúscula. De lo más específico a lo genérico, y viceversa, agrupó las especies en géneros, éstos en familias, las familias en clases, las clases en tipos (o phyllum) y los tipos en reinos, en una jerarquía de inclusión que conforma el rango o categoría taxonómica (Posteriormente, la necesidad de pormenorizar la clasificación obligó a establecer categorías intermedias que mayoritariamente se forman añadiendo los prefijos super-, sub- e infra)

 

Conforme a la clasificación taxonómica, los insectos pertenecen al tipo Arthropoda (como arácnidos y crustáceos), y a la clase Insecta. De acuerdo con la clasificación de Linneo, la clase Insecta se divide en ordenes según sean determinados rasgos morfológicos: las estructura de las alas, las partes bucales, la metamorfosis u otras características, de las cuales deriva el nombre que recibe cada orden.

Los insectos comprenden el grupo de animales más diverso de la Tierra con aproximadamente un millón de especies descritas. Y se estima además que existen entre 6 y 10 millones de especies aún no descritas ni clasificadas. Hay aproximadamente 5000 especies de odonatos (libélulas, caballitos del diablo), 20 000 de ortópteros (saltamontes, grillos), 120.000 de lepidópteros (mariposas y polillas), 160.000 de dípteros (moscas, mosquitos), 9800 de dictiópteros (cucarachas, termitas, mantis), 5.200 ftirápteros (piojos), 1.900 sifonápteros (pulgas), 82.000 de hemípteros (chinches, pulgones, cigarras), 350.000 de coleópteros (escarabajos, mariquitas), y 153.000 especies de himenópteros (abejas, avispas, hormigas).

Pero no todas las especies tienen un impacto económico en la agricultura, bien sea positivo (por ser enemigos naturales de plagas o actuar como polinizadores en cultivos) o negativo (por causar daños a nivel económico en los cultivos). De los 32 ordenes taxonómicos de Insecta, tan solo 6 afectan como plagas a la agricultura. Y dentro de éstos, aproximadamente 5.000 especies pueden ser clasificadas como dañinas.

Las plagas agrícolas son especies de insectos que conforman los siguientes ordenes taxonómicos: Diptera, Lepidoptera, Coleoptera, Hemiptera, Tysanoptera y Orthoptera.

Coleópteros y Lepidóteros son los ordenes que tiene el mayor número de especies de insectos plaga.

Dentro de las plagas agrícolas también son importantes los Acari, o ácaros que, si bien pertenecen al tipo Arthropoda, no pertenecen a la clase Insecta sino a la clase Arachnida. Durante mucho tiempo fueron considerados un orden.

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: DIPTERA

DIPTEROS

 

Su nombre significa literalmente 2 alas, porque poseen sólo dos alas membranosas y no cuatro como la gran mayoría de los insectos, y unos órganos posteriores denominados halterios que no utilizan para volar sino para mantener la estabilidad durante el vuelo. Se caracterizan también porque el aparato bucal (proboscis) es en general de tipo chupador o de tipo picador-chupador. Se han descrito unas 160.000 especies de dípteros, clasificadas en 150-160 familias. Comúnmente se le denomina moscas, mosquitos, zancudos, etc.

 

Algunas especies son plagas y  otras son depredadoras de otras plagas

 

 

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: LEPIDOPTERA

LEPIDOPTEROS

Su nombre científico se hace referencia a las escamas de sus alas, y son conocidos comúnmente como palomillas, polillas y mariposas. La mayoría de las especies son nocturnas. El aparato bucal de los adultos, conocido como sifón, está adaptado para succionar el néctar. Por ese motivo, muchas especies cumplen el papel de polinizadores de plantas, y son beneficiosas para los cultivos. Pero sus larvas, conocidas como orugas, se alimentan de flores, frutos, tallos e incluso raíces, y constituyen plagas importantes para la agricultura. Algunas especies son capaces de generar túneles, minando las superficies de las que se alimentan.

 

Los lepidopteros son el segundo orden con más especies dentro de la clase insecta. Tiene  más de 165.000 especies, que son clasificadas en 127 familias y 46 superfamilias.

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: COLEPOTERA

COLEÓPTEROS

 

Su nombre científico hace referencia a la dureza de sus alas anteriores. Tienen el nombre común de escarabajos, diabróticas, mariquitas catarinas, etc. Es el orden más grande de la clase Insecta, por lo que es normal que las especies que componen tengan distintos comportamientos. Algunas especies se alimentan de la vegetación, y constituyen plagas, otras son depredadoras de insectos.

 

Tienen 2 pares de alas. Unas, las anteriores, duras que se ajustan en línea recta sobre el abdomen y que cubren sus otras alas posteriores y membranosas. Su aparato bucal es masticador.

 

 

 

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: HEMIPTERA

HEMIPTEROS/HOMÓPTEROS

 

Su nombre científico se refiere a que las alas anteriores están divididas, y tienen una mitad endurecida y otra mitad membranosa. En reposo se pliegan planas sobre el abdomen, con las puntas sobrepuestas. Durante casi todo el siglo XX, se consideró el orden hemiptera constituyente de 2 subordenes: heterópteros y homópteros. Actualmente algunos entomólogos los consideran ordenes distintos. El nombre homópteros hace referencia a que las alas de los insectos tienen una textura uniforme. El orden incluyen insectos denominados comunmente cigarras, chicharras, piojos harinosos, moscas blancas, etc.

 

El órden Hemiptera (considerando  heterópteros y homópteros) comprende entre 50.000 y 84.500 especies conocidas

 

Tienen un aparato bucal chupador, en la manera de pico segmentado que sale de la parte posterior de la cabeza, y lo utilizan para succionar savia o fluidos animales como la sangre. Entre los hemípteros más conocidos están los pulgones, las cigarras y las chinches.

 

Muchas especies de los hemípteros  tienen importancia agrícola por ser fitófagas o depredadoras. Para la agrícultura, dentro del órden hemipteros, destaca la familia de los áfidos (Aphididae), conocidos comunmente como pulgones. Tienen gran relevancia económica para la agricultura pues se alimentan de plantas y algunos son vectores de virus.

 

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: THYSANOPTERA

THYSANOPTEROS

 

Su nombre científico hace alusión a los flecos marginales de pelos en sus cuatro alas, que aumentan su superficie cuando el insecto se encuentra en vuelo. Aunque también puede suceder que los adultos sean alados o ápteros. Comúnmente se les denomina trips. Son pequeños insectos de cuerpo alargado, de color marrón o negro.

El aparato bucal es de tipo picador succionador, con diversas adaptaciones según su alimentación sea fitófaga, carnívora, ectoparásita o micófaga. Aunque la mayoría de las especies se alimentan de la savia de las plantas. Pero también pueden alimentarse de polen o incluso pueden ser depredadores ocasionales, chupando los fluidos de pulgones y ácaros.

Se conocen unas 5.600 especies, de las cuales unas 550 son plagas de plantas cultivadas, a las que decoloran o producen daños que las hacen menos comerciables. Además pueden actuar como vectores de más de 20 virus, algunos de ellos tan dañinos como el bronceado del tomate.

 

 

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: INSECTA - ORDEN: ORTHOPTERA

ORTHOPTEROS

 

Su nombre científico hace referencia a las alas rectas o derechas, y se refiere a los insectos conocidos como saltamontes, langostas, grillos, chicharras, etc. El orden taxonómico comprende unas 19 000 especies, la mayoría de origen tropical, pero muchas ya distribuidas por todo el planeta.

 

Morfológicamente se caracterizan por tener un aparato bucal masticador, un tercer par de patas especializadas para el salto, y dos pares de alas (aunque pueden estar ausentes en algunas especies). A pesar de alimentarse mayoritariamente de tejidos vegetales, en general no son de gran importancia económica. Exceptuando las pocas especies, denominadas comúnmente langostas, que tienen la capacidad de formar enjambres y migrar.

 

 

 

TIPO: ARTHROPODA - CLASE: ARACHNIDA - ORDEN: ACARI

ÁCAROS

 

Su nombre científico hace referencia a su diminuto tamaño. Son una subclase de arácnidos, aunque durante mucho tiempo fueron considerados un orden. Por los daños que causan, son una de las especies con mayor incidencia económica en los cultivos.

 

Existen unas 50.000 especies, que se clasifican en 2 tipos: eriófidos y tetraníquidos. Los primeros son plagas que, si bien no causan grandes daños directos, la saliva que inyectan al alimentarse puede portar virus. Los segundos son los ácaros más característicos, y las plagas del orden que pueden causar más daño directo. Son chupadores, y como consecuencia de su sistema de alimentación se suelen observar punteaduras en las plantas, en la mayoría de los casos de color amarillento. De los tetraníquidos, destacan la araña roja de los frutales (Tetranychus urticae), pues ataca a más de 150 especies agrícolas, y el ácaro rojo de los frutales (Panonychus ulmi), pues es uno de los ácaros que más ataca a los frutales.

 

Algunas especies de ácaros pueden ser depredadoras o parásitos de otros insectos plaga.

 

En el suborden Acaridia se incluye la familia que incluyen las especies de plaga de la harina y otros productos vegetales almacenados.

 

 

 

 

 

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¿Qué comen las mariquitas?

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Futurcrop - 14-05-2018

Mariquitas (también llamado catirina, catita, vaquita de San Antonio, vaquita de San Antón, sarantontón, sanantonito, San Antonio, tortolita, chinita, coquitos, etc, porque su denominación varía según la especie y el país) es el nombre común de una familia de insectos coleópteros (Coccinellidae) que cuenta con más de 5.000 especies alrededor del mundo. Se caracterizan por su diversidad de tamaños (de 1 a 10 cm) y colores.

Las mariquitas han sido siempre muy apreciadas por los agricultores, ya que son depredadores naturales de áfidos (pulgones), cocos o cochinillas, ácaros, larvas de moscas, etc. Las hembras suelen hacer la puesta de huevos cerca de las colonias de insectos para que tengan su alimento cercano nada más nacer las larvas. Tal es su voracidad que las larvas recién nacidas se alimentan de su propio huevo, y llegan incluso a comerse huevos no eclosionados antes de empezar a alimentarse de insectos. Se estima que una mariquita adulta puede alimentarse de más de mil presas durante el verano. Aunque son las larvas de los últimos estadíos las más voraces.

Pero no todas las mariquitas son depredadoras de plagas de cultivos, y son por tanto beneficiosas para la agricultura. Los miembros de la subfamilia Epilachninae se alimentan de hojas, granos o semillas de diversos cultivos, de las familias Solanaceae (patata, tomate, chile, pimiento o la berenjena) y Cucurbitaceae (calabaza, calabacín, melón, pepino, etc). Pero también de plantas de otras familias, como Fabaceae (legumbres) o Poaceae (maiz).

Actualmente se ha normalizado la suelta de mariquitas en una agricultura sostenible y menos dependiente de los insecticidas químicos para el control de las plagas. En este sentido, las mariquitas de dos y siete puntos (Adalia bipunctata y Adalia septempunctata) son las más conocidas, pues se alimentan de hasta 28 especies diferentes de pulgones. Pero fue la Rodolia cardinalis la primera mariquita utilizada intencionadamente como mecanismo de control biológico de plagas en la agricultura. Fue a finales del siglo XIX cuando se produjo en California una infestación de cochinilla acanalada (Icerya purchasi), una plaga importada accidentalmente de Australia, y que amenazaba la incipiente e importante producción de cítricos de la región. Para combatir la plaga se buscó en Australia alguno de sus enemigos naturales (parásitoides y depredadores), que se llevaron a California, se criaron y se realizaron sueltas de la mariquita durante las campañas de 2 años. La medida produjo una importante reducción de las poblaciones de Icerya purchasi, salvando a la floreciente industria de los cítricos de California, e iniciando así la estrategia de la introducción de un enemigo natural para el control de una plaga exótica.

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Firma del Convenio de colaboración entre FuturCrop y Aeall-Asaja Lleida

Firma del Convenio de colaboración entre FuturCrop y Aeall-Asaja Lleida

Futurcrop - 10-05-2018

ASAJA Lleida firma un convenio de colaboración con FuturCrop, sistema de avisos de riesgo y control de plagas agrícolas

 

Este acuerdo facilita a los miembros del sindicato agrario el uso del programa, que les permitirá aumentar la producción, ahorrar en fitosanitarios y respetar el medio ambiente





NOTA DE PRENSA

 

ASAJA Lleida firma un convenio de colaboración con FuturCrop, sistema de avisos de riesgo y control de plagas agrícolas

 

Este acuerdo facilita a los miembros del sindicato agrario el uso del programa, que les permitirá aumentar la producción, ahorrar en fitosanitarios y respetar el medio ambiente

 

Hoy jueves, 10 de mayo, se ha firmado en la sede de ASAJA Lleida el convenio de colaboración entre la entidad agraria y FuturCrop, de la empresa AFuturis Technology Consulting, un sistema de avisos de riesgo y control de plagas agrícolas. El convenio facilitará a los miembros del sindicato agrario el uso del programa que, utilizando técnicas de Inteligencia Artificial, genera avisos de riesgo de plagas, predice el desarrollo futuro de plagas y facilita información para la toma de decisiones que permiten determinar el momento de mayor vulnerabilidad al tratamiento, mejorando su eficiencia y, por lo tanto, reduciendo en un 30-50% el uso de fitosanitarios en hortícolas y fruteros.

El presidente de ASAJA Lleida, Pere Roqué, y el gerente de la empresa AFuturis Technology Consulting, creadora de FuturCrop, Fernando Prieto, han explicado los detalles del convenio firmado, que incluirá formación para conocer y sacar el mejor rendimiento en el uso del programa, y los beneficios que obtendrán los usuarios de este innovador sistema. En el acto, Roqué ha destacado que "mediante esta nueva tecnología, los agricultores podrán aumentar la producción, ahorrando costes en fitosanitarios y respetando el medio ambiente". Roqué ha explicado que "el sector agrario ya está apostando por el I+D+I y pedimos que detrás de esta apuesta haya medidas suplementarias de las administraciones competentes, acompañadas de ayudas que vayan directamente al agricultor".

 

"Este software permite suprimir con confianza los tratamientos preventivos y aplicar los tratamientos cuando realmente son efectivos y ajustar el uso de insecticidas a la necesidad", ha remarcado Prieto, quien ha explicado que actualmente FuturCrop predice 179 plagas y enfermedades, próximamente se ampliará a 22 plagas más, se utiliza en 26 países de todo el mundo y cuenta con más de 800 usuarios.

 

Racionalizar el uso de los tratamientos fitosanitarios, además de ser una importante mejora de carácter medioambiental y de sostenibilidad, permite al agricultor disminuir considerablemente el coste de los tratamientos contra las plagas. Dado que el coste medio de tratamientos en fruta de semilla es de 1.200 euros/ha y de 1.600 euros/ha en fruta de hueso, la correcta gestión de los productos fitosanitarios y de control biológico mediante FuturCrop podría suponer un ahorro superior al 30%, es decir más de 25 millones de euros para la totalidad del área de cultivo de los frutales de Lleida.

 

Actualmente, los agricultores encuentran muchos problemas al manejar sus cultivos de manzana, pera, melocotón y nectarina, puesto que estos están sujetos a muchos factores impredecibles que pueden causar pérdidas en las cosechas: plagas, condiciones meteorológicas adversas, etc. Los agricultores de Lleida tienen que luchar cada temporada contra la grafolita, la mosca de la fruta, la psila del peral, trips y pulgones, entre otras especies. Los costes de los agroquímicos se incrementan día tras día, y ya no son tan efectivos, debido a un incremento de la resistencia a estos productos por parte de las plagas. Además, se presiona al agricultor para producir con muy poco o cero cantidad de residuos químicos. Y los precios en el mercado permanecen bajos, debido al alza en la competencia doméstica y extranjera.

 

Para adaptarse y tener éxito en este panorama, los agricultores tienen a su alcance nuevas herramientas como FuturCrop que les permitan desarrollar explotaciones agrícolas sostenibles y rentables.

 

Cómo funciona el programa FuturCrop

 

FuturCrop controla automáticamente las condiciones favorables a la infestación de plagas y enfermedades vegetales, envía alertas automáticas de riesgos, y calcula la previsión a 10 días de su desarrollo biológico, sin necesidad de instalación de sensores ni estaciones meteorológicas. El programa avisa al usuario mediante un correo electrónico cuando se produce la puesta de huevos, el estadio larvario, o el estadio adulto, los picos de vuelo, o un cambio en el desarrollo biológico de la plaga. El software utiliza modelos matemáticos que correlacionan, entre otros factores, la temperatura y la humedad, con el desarrollo biológico de los patógenos. Además, el programa permite registrar, mediante el teléfono móvil, las capturas, daños y tratamientos realizados.

 

 



de mayo de 201

Enlaces externos

Territoris.cat 

Incluye video de funcionamiento del programa

 

Holalleida.com

 

Segre

Incluye video de firma del Convenio de colaboración

 

ua1.cat

Garriguestv

Lleida.com

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¿Cómo reducir el uso de insecticidas químicos en el control de plagas?

¿Cómo reducir el uso de insecticidas químicos en el control de plagas?

Futurcrop - 07-05-2018

Reiteradamente, cuando se habla de tratamientos contra las plagas y las enfermedades vegetales, muchos técnicos suelen argumentar el muestreo constante de la finca, de la densidad de la plaga o la presencia de la enfermedad, y que es el umbral de acción el que determina el momento de tratamiento mediante fitosanitarios. Pero la realidad no siempre tiene ese talante. Véanse por ejemplo las recomendaciones de una estación de vigilancia de plagas y enfermedades de la Administración Pública, para un mes de marzo concreto. Para los frutales de pepita recomiendan una aplicación preventiva de un fungicida cúprico, para los frutales de hueso recomiendan la aplicación de un fungicida cúprico para prevenir la aparición temprana de enfermedades como la lepra o la monilia, para la prevención de Hoplocampa spp. en peral y ciruelo, si en los últimos años ha habido infestación, recomiendan un tratamiento insecticida tras la caída de pétalos o a la floración, respectivamente. Para prevenir la Phytophthora spp en cítricos recomiendan aplicar fungicidas sistémicos. Y el aviso continúa con recomendaciones de fungicidas cúpricos para reducir el inóculo de enfermedades en otros cultivos.

 

Los tratamientos preventivos, así como los tratamientos repetidos posteriormente ante su ineficiencia, es algo habitual en la agricultura. Sólamente un 30% de los tratamientos químicos tiene efecto, por lo que el cultivo convencional requiere varias repeticiones periódicas. Y esta práctica no sólo aumenta los costes, sino que también causa una grave contaminación ambiental y excesivos residuos en los alimentos (nunca por encima del límite máximo de residuos por cada sustancia activa, eso sí).

 

Se puede decir que, de promedio, frutas y hortalizas pueden  recibir 12 tratamientos, o más, con fitosanitarios. Su uso se ha generalizado más allá de lo razonable. Asume el agricultor que con un 5-10% del coste de su producción evita una pérdida por plagas y enfermedades que podría llegar a ser, en el peor de los casos, del 40-100%. Ese porcentaje puede ir de los 2.500 euros/ha de coste en tratamientos en tomate de invernadero a los 523 euros/ha en tomate de regadío, siendo éste el coste de insumo, sin tener en cuenta el coste de mano de obra y maquinaria. España encabeza el listado de los que más utilizan productos químicos dentro de la Unión Europea. Entre los años 2011 y 2015 se esparcieron, cada año, cerca de 73.000 toneladas de productos químicos en los campos. Y la industria de agroquímicos facturó sólo en España 1.100 millones de euros en 2016.

 

En el año 2014, último año del que la FAO dispone de datos del consumo mundial de pesticidas, éste superó los 3.013’97 millones de kilos. Y en el futuro se espera que el mercado global de pesticidas registre una Tasa de Crecimiento Anual Compuesta de un 5,79%, entre 2017 y el 2022.

 

El mercado de productos fitosanitarios se nutre del intento del agricultor de minimizar el riesgo de pérdida de su cosecha. Las empresas químicas saben que una infestación de gusanos grises, Agrotis ipsilon, puede resultar catastrófica para un cultivo de maíz, tomate o patatas. Sus larvas, durante los tres primeros estadíos, puede consumir 400 centímetros de la parte aérea de las plantas. Y las hembras pueden llegar a poner 1.800 huevos. Pero los huevos tardan en eclosionar de 4 a 14 días, y el 4º estadío dura entre entre 28 y 34 días, dependiendo de las condiciones climatológicas. Pero como las condiciones climatológicas varían anualmente,es realmente difícil calcular el momento de cada fase larvaria, los tratamientos se repiten periódicamente, generación tras generación, en un intento de controlar la densidad poblacional.

 

¿Pero es necesario que el agricultor asuma ese nivel de costes?. El riesgo no es tal si el monitoreo se realiza constantemente y los tratamientos se realizan en su momento más eficiente. Desde los años 50 entomólogos norteamericanos destacaron la importancia del control de plagas a partir del conocimiento del desarrollo de las plagas. Algunas universidades norteamericanas empezaron a facilitar el uso de calculadoras fenológicas que permiten ser más eficientes en monitoreos y tratamientos, pero limitadas a su zona local. Hoy en día existe la tecnología adecuada para controlar automáticamente si las condiciones climatológicas incrementan o reducen el riesgo de una infestación de plagas. FuturCrop es un software que realiza automáticamente esa función: no sólo envía avisos del estado de desarrollo de la plaga, sino que incluso predice su próximo desarrollo biológico. Cuando uno descubre una plaga en sus cultivos, puede ser demasiado tarde para hacer otra cosa que recurrir a pesticidas. Pero, a menudo otro estadio en el ciclo vital es susceptible a medidas preventivas. Un uso adecuado de este tipo de herramientas puede minimizar el riesgo y disminuir los costes hasta en un 50% en caso de necesidad de realizar los tratamientos.

 

Racionalizar los tratamientos es vital para un adecuado control de las plagas y enfermedades de los cultivos. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) propuso hace años una estrategia de Manejo Integrado de Plagas con la intención de reducir del 50 al 70% el uso de insecticidas. y los costes por concepto de control de plagas del 25 al 50%. No sólo se pretendía reducir los costes, sino también disminuir la contaminación ambiental, el desarrollo de resistencias en las plagas a los insecticidas, evitar el rebrote de otras plagas secundarias, y conservar la fauna benéfica natural.

 

Hoy estamos empezando a ver algunas consecuencias de ciertas prácticas de la agricultura convencional. Es necesario buscar métodos alternativos que permitan a la agricultura ser productiva y sustentable en el futuro.

 

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En la revista especializada en control de plagas explicamos cómo funciona el programa y las ventajas en ahorro de costes y optimización de monitoreo y tratamientos de un Sistema Experto que facilite la información necesaria para tomar decisiones eficientes en el control de plagas.

 

Enlaces externos:

 

Phytoma

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Futurcrop - 25-04-2018

La globalización del mercado internacional favorece que cada año miles de millones de productos vegetales sean trasladados entre países. Evidentemente, con las mercancías viajan plagas y enfermedades. Y, como las condiciones climatológicas han cambiado, con inviernos más cortos y suaves, muchas plagas se establecen fácilmente en los nuevos ecosistemas, donde anteriormente no podrían haberlo hecho. Son suficientes unos cuantos años para que ciertas plagas ya están firmemente asentadas en sus nuevos territorios.

 

Según los datos manejados por la Unión Europea, de 2009 a 2013 se detectaron al menos ocho nuevas plagas implantadas en territorio comunitario: Anoplophora glabripennis, Diabrotica virgifera, Bursaphelenchus xylophilus, Pomacea insularum, Anthonomus eugenii, el virus de la tristeza de los cítricos, Xylella fastidiosa, y el virus de la deformación fusiforme del tubérculo de la patata. Ese ritmo de asentamiento supone una nueva plaga o enfermedad en territorio europeo cada siete meses.

 

Se trata de plagas y enfermedades vegetales especialmente peligrosas, porque en los nuevos territorios donde se implantan se desconoce su desarrollo o su ciclo biológico y su correcto tratamiento, y porque en muchas ocasiones carecen de enemigos naturales. En su nuevo territorio, en ocasiones encuentran nuevos hospederos. Esas nuevas plagas y enfermedades afectan gravemente a la producción agrícola y al medioambiente.

 

La Avispa asiática, Vespa velutina, que llegó a Europa en un contenedor, procedente del sudeste asiático, es un peligroso depredador de abejas, que en Europa está afectando directamente al proceso de polinización y en general a todo el ecosistema. Además, la avispa adulta se alimenta de fruta madura (manzanas, ciruelas, uvas, etc.) en gran cantidad, y pueden causar graves destrozos en la agricultura. Otra plaga ya habitual, la polilla del tomate, Tuta absoluta, es originaria de Chile, aunque se extendió por gran parte de sudamérica. Se detectó por primera vez en España en 2007, y se propagó rápidamente al resto del país, incluido las Islas Canarias, y al área mediterránea. Hoy en día se trata de una plaga totalmente asentada que causa graves problemas en los cultivos de tomate. Existen otras plagas y enfermedades foráneas de reciente asentamiento en Europa: la polilla guatemalteca, o Tecla solivanora, la Psila Africana de los cítricos, Trioza erytreae, o el greening de los cítricos, que  suponen un grave peligro para el cultivo de la patata en el primer caso, y para la citricultura mediterránea en los dos últimos.

 

También en los ámbitos ornamental y forestal nuevas plagas y enfermedades están causando graves daños. Tal es el caso de la Cydalima perspectalis, una mariposa cuyas larvas se alimenta de las hojas del boj, que ha devastado zonas boscosas de Suiza, pero que ya está afectando a amplias zonas del sur de Europa.

 

El caso más conocido actualmente es el de la Xilella fastidiosa, una bacteria que obligó  a talar centenares de miles de olivos en Italia, dañando la economía agrícola y el paisaje tradicional de amplias regiones. Es de hecho la enfermedad vegetal emergente más peligrosa de Europa.

 

La Unión Europea dispone de un organismo, Europhyt,  para la notificación y control de interceptaciones de importaciones, por motivos de sanidad vegetal. Según un informe de dicho organismo, durante el año 2017 se interceptaron importaciones por causa de 1.484 organismos dañinos, entre otros:



Liriomyza sp, Helicoverpa armigera, Phyllostica citricarpa, Spodoptera litura, Tephritidae, Santhomonas citri sitri, Anastrepha fraterculus, Ceratitis capitata, Tribolium confuus, Bactrocera dorsalis, Thrips palmi, Liriomyza sativae, Cordylomera spinicornis, Acidovorax citrulli, Aleurocanthus spiniferus, Ripersiella hibisci, Santhomonas euvesicatoria, Bactrocera sp. , Phyllosticta citricarpa, Apriona germari, Liriomyza huidobrensis, Bemisia afer, Spodoptera cosmioides, Radopholus similis, Thaumatotibia leucotreta, Bactrocera invadens, Ceratitis cosyra, Anthonomus eugeni, Helicoverpa zea, Tortricidae, Globodera rostochiensis, Aphelenchoides, Thaumatotibia leucotreta, Scyphophorus acupunctatus, Bactrocera latrifons, Bactrocera zonata, Zeugodacus, Oryzaephilus sp., Protopulvinaria mangiferae, Thaumatotibia leucotreta, Ditylenchus dipsaci, Anoplophora chinensis, Aleurocanthus spinferus, Dacus bivittatus, Pratylenchus, Radopholus similis, Ceratitis cosyra, Atherigona orientalis, Leptoglossus clypealis, Pantoea stewartii, Bactericera cockerelli, Andean potato latent virus, Arracacha virus B, Bephratelloides, Potato virus, Potato yellowing virus, Synchytrium endobioticum, Phyllosticta citricarpa, Bactrocera cucurbitae, Leucinodes orbonalis, Buprestidae, Phyllosticta citricarpa, Clavibacter michiganensis.


Y un largo etcétera. (Puedes consultar las correspondientes al 2018 en este enlace https://ec.europa.eu/food/plant/plant_health_biosecurity/europhyt/interceptions_en)

 

 

 

 

 



 

El último Informe Anual de Europhyt, correspondiente al año 2016 dice entre otras cosas:

  • El material de plantación sigue siendo la vía más crítica y de mayor riesgo, aunque no la más numerosa,  para la introducción de plagas y enfermedades vegetales en la Unión Europea.

  • Se intervinieron 1.212 importaciones de frutas y hortalizas, debido a la presencia de plagas o enfermedades. Las frutas y  hortalizas han sido consistentemente el grupo de productos en el que se producen la mayoría de intervenciones por este motivo. (66.7% en 2016).

 

 

  • En el año 2016 se registraron 85 nuevos organismos nocivos no presentes en la Unión Europea, y no interceptados anteriormente.

Bactrocera tau Blepephaeus succinctor Chalcodermus aeneus Cofana sp. Cordylomera spinicornis Dialeurodes kirkaldyi Diaporthe eres Doliopygus sp. Orchidophilus sp. Saperda tridentata Xiphinema californicum Xyleborinus artestriatu.

 

Enlaces externos

https://ec.europa.eu/food/plant/plant_health_biosecurity/europhyt_en


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Futurcrop - 09-04-2018

Las conclusiones son resultado de la experiencia de usuarios de FuturCrop del área del valle del Ebro perteneciente a la provincia de Lleida, que es rica en plantaciones de frutales de pepita, principalmente peral y manzano. Según datos oficiales del año 2008 (Sección de estadística e información agraria del DAR), el número de hectáreas plantadas de peral es de 12.079 y la superficie de manzano es de 8.002 hectáreas.

 

Agricultores de la zona estiman un coste de aproximado 1.200 euros/ha en el control de las plagas que afectan al peral. Y según datos de la Universidad de Lleida, el desglose de los costes promedio es el siguiente:

  • 16 hrs/ha Mano Obra
  • 16 hrs/ha Maquinaria
  • 347 eur/ha consumos. Entre otros: Polisulfuro de cal, aceite de verano, clorpifios, fenoxicarb, metilclorpirifos, piriproxifen, lufenuron, fosmet, tiacloprid, carbaril, imidacloprid, teflubenzurón, triflumurón, lamba cihalotrin, zeta cipermetrín, etc

 

Por consiguiente, podríamos calcular un coste promedio total en control de plagas agrícolas para el total de área cultivada del peral de 14.494.800 euros.

 

Con un software como FuturCrop, que informa sobre el estado de desarrollo de la plaga, algunos productores han sido más eficientes en los monitoreos y en los tratamientos, consiguiendo un ahorro estimado en los costes de hasta un 60%, evitando:

Pérdida de tiempo con los monitoreos, para la determinación del estado de desarrollo y poblacional de la plaga.

  • Aplicación de tratamientos innecesarios.
  • La realización de tratamientos preventivos innecesarios, o en momentos en que no son eficientes.
  • Tratamientos en el momento adecuado, pues el 30% de los tratamientos son tardíos
  • Evitar el aumento de casos de resistencias a insecticidas, por un uso excesivo de productos químicos.

 

¿Cuales son los criterios de los productores y asesores para determinar los momentos de tratamiento de fitosanitarios? En el mejor de los casos no se realizan los tratamientos por fechas de calendario, sino sobre el resultado de los muestreos y el desarrollo fenológico del cultivo, como se muestra en la siguiente tabla, para las principales plagas del peral:







Con FuturCrop es posible realizar los muestreos con información más precisa (fase de la plaga), es más sencillo realizar los tratamientos en fase inicial de la plaga, y en su momento más vulnerable, con la consiguiente mayor eficiencia. Lógicamente, conociendo las fases de desarrollo de las plagas, es más fácil mantener las poblaciones controladas.

 

Por ejemplo, la Cydia pomonella - Carpocapsa, es una de las plagas que más afectan a los frutales de pepita. Causan daños sobre el fruto, al realizar galerías de alimentación en su estado larvario. En la zona descrita, tradicionalmente suele realizarse un control mediante aplicaciones químicas. Si bien, a partir del año 2009, se empezó a utilizar en la cona la confusión sexual como complemento a la lucha química.

 

Los datos climatológicos que influyen en el desarrollo biológico de la plaga, como es lógico,  no son iguales de un año a otro, y por consiguiente el comportamiento de las plagas varía igualmente. En los siguientes ejemplos, según los datos históricos analizados por FuturCrop, y representados gráficamente en la integral térmica, se observa como el mismo evento del  desarrollo de la plaga se produce en distintas fechas en las distintas campañas. Como así ha sucedido desde el año 2016, en todas las fases de desarrollo.




 

El seguimiento de los niveles de plaga se realiza generalmente a mediados del mes de abril, que es el momento de inicio del vuelo de primera generación, y el inicio del vuelo se suele detectar habitualmente por capturas en trampa.

 

En el control de la carpocapsa es fundamental aplicar antes de las puestas de la primera generación.



 

El usuario de FuturCrop recibe emails de aviso cada vez que se produce un cambio en el desarrollo de la plaga, especificando la fecha concreta del evento biológico. Habitualmente se incrementan los muestreos a mediados de abril, esperando observar los vuelos de la plaga. Pero, según los cálculos realizados por el programa, en el año 2016 el momento de control y tratamiento se iniciaría  el 8 de Junio, y en el año 2017 el día 22 de Mayo. Un retraso o un adelanto del tratamiento en unas semanas es suficiente para que pierda el 70 % de su eficacia.

 

En los últimos años han existido importantes problemas para el control de la Ceratitis capitata, debido a la creación del Registro único comunitario de materias activas autorizadas (Directiva 91/141) , que ha supuesto la eliminación de gran parte de las materias activas tradicionalmente empleadas para el control de esta plaga, y también debido al adelantamiento de la fecha de las primeras capturas.

 

Habitualmente se determina los momentos de tratamiento considerando el ciclo biológico de la plaga: a los 2/4 días de la eclosión de huevos aparecen las larvas en la fruta, entre 8 y 10 días después las pupas en el suelo, y aproximadamente transcurren entre 6 y 8 días para que se conviertan en adulto. El ciclo biológico completo dura unos 20 o 22 días.

 

Esta metodología tradicional de trabajo requiere una gran dedicación a la observación en campo, y sus resultados nunca son del todo precisos. Con el software los monitoreos pueden estar dirigidos por el control de las condiciones de desarrollo  de la plaga.



 

Tradicionalmente, las estimaciones de ciclo biológico de las plagas se suelen fundamentar en temperaturas constantes de desarrollo, pero no tienen en cuenta las variaciones térmicas, y la climatología variable de cada año. De hecho, el ciclo completo de desarrollo biológico para la primera generación de la Ceratitis capitata en la zona de Lleida no fue de 20-22 días, sino de 26 días en el año 2016 y 24 días en el año 2017.





La Cacopsylla pyri es otra de la plaga más problemática para las plantaciones del peral en la zona de Lleida, por su difícil control, por los daños que causan en la fruta con sus picadas y por los daños indirectos que pueden causar a través de la excreción de melaza que puede favorecer la aparición de la fumagina.

 

El sistema de control de la plaga y la dinámica de las poblaciones es muy laborioso. Para determinar la presencia de la plaga, y la necesidad o no de realizar tratamientos de control durante el invierno, se realiza lo que se denomina frappages (50 golpeos, uno por árbol, considerados de forma aleatoria, en la parcela de frutales). Dichos frappages periódicos se realizan a partir de mediados de Enero, en un intento por aproximar los niveles de adultos de la generación de invierno, así como el grado de madurez de las hembras. Se utiliza un embudo de 30 cm de diámetro y una bolsa de plástico donde se recogerán los adultos capturados. A partir del momento en que se pueda encontrar puesta se realiza un conteo periódico de órganos para determinar los estadios presentes y los niveles de cada estadio.

 

Se realiza habitualmente un tratamiento insecticida contra las formas invernantes de la plaga, durante la segunda quincena del mes de enero o la primera decena de febrero para evitar la puesta de las hembras, se realiza en una época en que el nivel poblacional es naturalmente bajo. En la plaga puede contabilizarse de 6 a 8 generaciones en la zona descrita, pero esta estimación es algo difícil de evaluar pues algunas hembras continúan realizando puestas durante el invierno.

 

FuturCrop monitoriza automáticamente 2 estadíos en el desarrollo de la plaga: huevos y adultos. En EEUU la plaga se controla químicamente, coincidiendo con las primeras oviposiciones. Y se considera que el desarrollo de huevo a adulto requiere 102 días a 20ºC y 24,8 días a 26,7ºC. Pero ya hemos visto que este dato no es suficiente.

 

Sin embargo, FuturCrop calcula la fecha concreta de cada evento. Especialmente importante es el control del momento de la puesta de huevos. Porque las poblaciones se crecen en gran medida. Las hembras surgidas a partir de la segunda generación, a diferencia de las invernales, están listas para ser fecundadas a las 4 horas de su emergencia y pueden llegar a poner unos 500 huevos de media.



 

 




En el caso en que no se realice el tratamiento de invierno, o éste no haya ofrecido la eficacia deseada, se puede actuar en prefloración o caída de pétalos, según variedades, buscando el control de las ninfas resultantes de los adultos invernantes. Si se detecta la presencia de gran cantidad de melaza, que protege a las ninfas de la acción del producto, se aconseja realizar un tratamiento específico con algún producto limpiador de melaza 24 horas antes de la aplicación insecticida. Estos tratamientos posteriores se evitan si se consigue una mayor efectividad en la primera medida de control

 

Los avisos, la información que nos proporciona FuturCrop, permite optimizar la utilización de productos fitosanitarios, minimizar su uso, para evitar el desarrollo de resistencia a los insecticidas por parte de las plagas y minimizar su efecto en la fauna auxiliar, que actúan como parasitoides y depredadores, y nos ayudan a controlar las plagas.

 

Actualmente FuturCrop monitoriza el desarrollo y envía avisos de cambio de estado biológico de 179 plagas, de las cuales 20 afectan al peral.

 

Es indudable que la agricultura del futuro minimizará el uso de pesticidas. Y se requerirá un mejor conocimiento de la dinámica de la población de plagas y la epidemiología de las enfermedades de virus y hongos. Dicha información es esencial al desarrollar estrategias de manejo de plagas y en la toma de decisiones relacionadas con los tratamientos con plaguicidas.

 

También se ha vuelto cada vez más obvio durante la última década que no es posible minimizar el uso de pesticidas en la agricultura sin un sistema de advertencia eficaz basado en la capacidad de pronosticar daños por plagas y enfermedades. La protección tardía de los cultivos reclama el 37% de los rendimientos en todo el mundo cada año. De hecho, existe evidencia que sugiere que las tasas de detección temprana son más altas y que, en la mayoría de los casos, estos brotes pueden controlarse, probablemente debido a un mejor monitoreo. Es muy importante aplicar protección puntual con la ayuda de una herramienta avanzada de detección de riesgo de plagas y enfermedades



 

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Admin Futurcrop - 27-03-2018

Frecuentemente, cuando no se realiza un monitoreo regular, o cuando no se utiliza una herramienta que controla automáticamente las condiciones de desarrollo de las plagas, como FuturCrop, suele detectarse antes el daño causado sobre los cultivos que la propia plaga. Se descubren los daños causados en la planta (hojas, tallos, raíz, flor o fruto) o los residuos que dejan las plagas cerca del lugar donde se alimentaron (en forma de melazas, gránulos, material parecido al serrín o excrementos oscuros húmedos). También podemos observar que las plantas están poco desarrolladas y no crecen adecuadamente, que tienen hojas deformes o dañadas, se ven amarillas o de un color verde ligero, o simplemente que se ven marchitas y caídas
 
Los efectos de la acción de las plagas al alimentarse es un buen indicio de la presencia de plagas en los cultivos. Y tener un adecuado conocimiento de las diferentes formas en que los insectos se alimentan de las plantas ayuda a identificar la plaga y a desarrollar controles y estrategias para su control.
 
De hecho, los insectos de cada grupo tienen patrones de daño característicos que ayudarán a identificar al causante del daño y, por consiguiente, acertar con su tratamiento adecuado.
De manera general, según los hábitos alimenticios de los insectos, suele ser habitual agruparlos en masticadores, chupadores, minadores y barrenadores.
 
Las plagas de insectos masticadores poseen mandíbulas y maxilas con las que trituran los tejidos vegetales. A este grupo pertenecen las larvas de algunos lepidópteros (orugas) y los adultos y larvas de coleópteros (escarabajos), los ortópteros (grillos, chapulines y langostas) y los himenópteros (hormigas). Como consecuencia de su acción alimenticia, a menudo se ven señales de daños causados por estos insectos en los márgenes foliares rotos o desiguales y en las hoja, de las que quedó su esqueleto, o en las hojas minadas.


Escarabajo de la patata
Trips
Lymantria dispar
Hormigas


Entre este grupo de insecto están los minadores de hoja, que actualmente causan graves daños a los cultivos. La plaga de minadores suele combinar varios tipos de acción sobre los cultivos pues las hembras adultas agujerean el haz de las hojas para extraer la savia de la planta. Y su larva excava galerías o túneles en las hojas. El insecto plaga se desarrolla en el interior de las hojas, en el mesófiolo  (es decir, el tejido que se encuentra entre las epidermis del haz y del envés de las hojas), alimentándose del parénquima foliar, provocando daños en la estructura de las plantas, al realizar galerías o minas que posteriormente se necrosan. Destroza sus tejidos celulares, disminuye su capacidad fotosintética, reduce el crecimiento de las plantas, llegando a dificultar o impedir la maduración de los frutos.
 
Hay cuatro especies de minadores de hoja que son muy comunes y afectan gravemente a las hortalizas: el minador del tomate (Liriomyza bryoniae), el minador americano (Liriomyza trifolii), el minador sudamericano del guisante (Liriomyza huidobrensis) y el minador de hojas (Liriomyza strigata). Dichas plagas se han constituido en un problema creciente en la agricultura. En condiciones normales, las larvas de estas especies eran parasitadas por sus numerosos enemigos naturales. Pero los problemas con los minadores de hoja se han incrementado como resultado del uso de pesticidas de amplio espectro, a consecuencia de los cuales los enemigos naturales mueren, y a la resistencia de los minadores a esos insecticidas , como consecuencia de la presión evolutiva. Además, dado que se alojan dentro de los tejidos vegetales, muchas veces los pesticidas no logran hacer su efecto.
 
Los minadores de hoja son una plaga polífaga y ocasiona daños tanto en cultivos hortícolas como en plantas ornamentales. Las larvas de ciertas polillas nocturnas (Lepidópteros) son plagas minadoras muy destructivas, como es el caso de la polilla del tomate (Tuta absoluta), que se alimenta de la hoja, pero también ataca al tallo y a los brotes apicales. De hecho, al acabar la plaga con los brotes, el crecimiento de la planta se detiene, bloqueando sus ritmos biológicos como la formación de flores y frutos.


Daño de los minadores de hoja
Lyromiza
Lyromiza
Pupa de Lyromiza
Tuta absoluta

 

Los insectos chupadores tienen un tipo de trompa o pico (probóscide), y lo usan a modo de estilete para penetrar en los tejidos vegetales (brotes, ramas, flores o frutos), succionando los fluidos de las plantas. Además de los daños que causan al perforar la planta, pueden transmitir distintos tipos de virus que ya traen de otras plantas, o facilitan la entrada de otros patógenos y microorganismos. A menudo, la decoloración, marchitamiento o manchas foliares, la presencia de mielato (sustancia algunos insectos que se alimentan de savia, como los pulgones y algunas cochinillas) o la falta general de vigor en la planta son síntomas del daño causado por este tipo de plagas.. Estos insectos pueden atacar al cultivo incluso, desde que la planta está emergiendo. Generalmente los chupadores viven en congregaciones, por ello, es posible encontrar en las ramillas los diferentes estados de su ciclo de vida. En general, los insectos chupadores son muy difíciles de controlar y pueden generar fácilmente fenómenos de resistencia a las sustancias que se utilizan para combatirlos.

En esta categoría, por los daños causados en las plantas y por la gravedad que están adquiriendo como plagas, destacan los áfidos o pulgones, el piojo de San José, ácaros, trips y la mosca blanca,


Pulgones
Piojo de San José
Ácaros
Trips
Mosca blanca

Los pulgones prefieren los tejidos tiernos de las plantas, por esa razón se encuentran preferentemente en los brotes nuevos de hojas y en los botones florales. Su acción sobre la planta favorece la aparición de la fumagina, también conocido como negrilla,  (una patología de las plantas producida por el desarrollo de un hongo que se desarrolla sobre un sustrato glúcido presente en la superficie de los vegetales, en este caso la melaza secretada por los pulgones). La fumagina interfiere con la fotosíntesis, reduce el vigor de la planta y puede producir el manchado de frutos. Los daños más serios se producen cuando los cultivos son jóvenes. En las plantas adultas provoca una reducción del rendimiento y la producción.


Daños causados por pulgones

El piojo de San José, también llamado cochinilla perniciosa o caspilla, ataca a los frutales de hueso y pepita. Se fija en forma de colonias de escudos, sobre ramas, hojas y frutos. Se alimenta succionando la savia, provocando un debilitamiento del árbol y una reducción de la cosecha. Cuando se actúa sobre el fruto, éste se devalúa comercialmente pues produce unas manchas rojas sobre la piel, marcando la zona en la que se ha fijado la cochinilla.

Daños causados por Piojo de San José

Los daños causados por los ácaros consisten fundamentalmente en lesiones en la epidermis de las hojas (inicialmente por el envés) y absorción de la savia. Los ácaros se alimentan sobre todo de la base de la hoja, cerca del pecíolo, debido a lo cual la hoja se vuelve marrón y sus bordes se enrollan. O bien aparecen manchas amarillentas, producidas por la desecación de los tejidos. Y, en ocasiones, las zonas afectadas se decoloran y posteriormente se necrosan. También puede atacar a los frutos que, sin llegar a secarse, se deprecian en su valor comercial. Debido a su alimentación, los ácaros pueden provocar una disminución de la superficie foliar, lo cual implica una disminución de la fotosíntesis. Cuando las poblaciones son muy elevadas se produce un retraso en el crecimiento de la planta y disminución de la producción, pudiendo pudiendo originarse la defoliación y posterior muerte de la planta.


Daños causados por ácaros

La alimentación de los trips, perforando y succionando la superficie de las hojas provoca, manchas amarillentas, blancas o plateadas. También es posible observar manchas negras que son residuos, los excrementos de estos insectos. La plaga puede provocar daños estéticos a los frutos, en forma de manchas cobrizas o amarillentas, puede reducir la producción de la planta y, con grandes niveles de infestación, las hojas pueden secarse. Además los trips son el vector más importante del virus del bronceado del tomate (TSWV). Transmiten también el virus del mosaico del tabaco (TMV).


Daños causados por Trips

La mosca blanca, como gran parte de las plagas chupadoras de la savia de las plantas, interfiere con las labores de fotosíntesis de los cultivos, y puede causar daños indirectos, a partir de las picaduras para su alimentación, mediante la transmisión de diversos tipos de virus  (como la hoja arrugada de la calabaza, el amarillamiento de las curcubitáceas, o la hoja plateada de la calabaza, etc). Además, la mosca blanca también segrega una sustancia, que interfieren o impiden el proceso de fotosíntesis de la planta y favorece el desarrollo del hongo causante de la fumagina. Como consecuencia de la acción de la mosca blanca, es frecuente el amarilleamiento de las hojas, el debilitamiento de la planta y la formación de frutos de baja calidad.


Daños causados por Mosca blanca

La característica principal de los insectos barrenadores es que estas plagas penetran en las plantas, perforan el tallo de la planta o minan túneles angostos dentro de la hoja, el fruto y la raíz. Suelen atacar a ejemplares débiles, con falta de nutrientes. Entre estos insectos están las larvas de los algunas moscas (Dípteros),  orugas (Lepidópteros) y de escarabajos (Coleópteros).
 
Las larvas de determinados escarabajos causan graves daños forestales, barrenando troncos y ramas de árboles. Es el caso de los crisomélidos, escarabajos defoliadores, como el la galeruca del olmo (Xanthogaleruca luteola), o los gorgojos (Curculionidae spp.), como el picudo rojo, cuya larva se alimenta en el interior de cocoteros y palmeras llegando a causarles la muerte. Las larvas de los insectos barrenadores se alimentan bajo la corteza del árbol.
 
En los cultivos las larvas se alimentan barrenado en raíces, tallos y frutos. Es el caso de varias larvas de lepidópteros, como el barrenador del fruto (Strymon basilide), que causa graves daños a la piña, el barrenador del maíz Ostrinia nubilalis), Gusano elotero (Helicoverpa zea), etc Gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), etc
 
Los barrenadores se suelen detectar porque en el exterior de la corteza aparece serrín de las perforaciones, o porque se ven ramas secas sin motivo aparente.
 
Helicoverpa armigera
 
Agrotis, gusano de alambre
Gusano cogollero
 
Escarabajo de la patata
 
 
 
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El coste de una plaga que no se controla adecuadamente: el caso de la Lobesia botrana en Mendoza

El coste de una plaga que no se controla adecuadamente: el caso de la Lobesia botrana en Mendoza

Futurcrop - 14-03-2018

Desde 2011 la Lobesia botrana hace estragos en los viñedos de Mendoza (Argentina), que afecta a 9.000 productores y 137.000 hectáreas. 4 años después el Gobierno declara la lucha contra la plaga de Interés Nacional. Comienzan los estudios de campo en 2016: deciden utilizar confusión sexual con feromonas y pulverizaciones aéreas.

 

En 2017 el Gobierno del país utiliza 400 millones que debían durar para las 4 siguientes campañas. Pero en 2018 ya sólo quedan 25 millones. Y hay que comprar nuevos pesticidas. Así que el gobierno decide que además de la aprobación pública, los productores de 25 a 75 hectáreas afectadas deben aportar 8,25% del dinero el primer año, 17,5% el segundo, 26,25% el tercero, y el cuarto el 34% del coste.

En 2017 los productores no han realizado el reintegro, ni de momento el Gobierno exigió la devolución. Los productores han tenido, como es lógico, altos costes y una de las peores vendimias de los últimos años.

Las acciones tomadas redujeron un 65% la presión de la plaga en 137.0000 hectáreas. La campaña ha sido declarada un éxito

Al final, el coste de productos por hectárea es de US$ 222.

 

Noticia de Los Andes Diario, 18/02/2018

Lobesia: los privados deberán aportar para el combate

 

FuturCrop, software desarrollado por una empresa privada de transferencia tecnológica que, a bajo coste, avisa de riesgos de Lobesia botrana y, conociendo el desarrollo de la plaga, permite optimizar los tratamientos, cuando sean necesarios. Su objetivo es la prevención, la predicción del siguiente estadío biológico y el control poblacional.

 

El coste normal medio del tratamiento para Lobesia botrana en España es de 55 US$ por hectárea, en producto, más 2,5 hr/ha y 2,5 hr/ha de maquinaria y mano de obra respectivamente.

 

En el blog se explica el momento adecuado para el tratamiento de la plaga. El programa ofrece por anticipado la la fecha en que la Lobesia alcanzará ese estado de desarrollo.

 

Se trata de dos perspectivas distintas para gestionar el mismo problema: Prevención y predicción frente al control como reacción.

 

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Pasado, presente y futuro de la utilización de insecticidas químicos en la agricultura

Pasado, presente y futuro de la utilización de insecticidas químicos en la agricultura

Futurcrop - 01-03-2018

El azufre, el sulfato de cobre, la cal, el arsénico, la nicotina, son sustancias que se han utilizado tradicionalmente en la agricultura para preservar las cosechas del ataque de las plagas. Muchas de esas sustancias son tóxicas para todos los seres vivos, pero también esenciales para la vida. Algunas de estas sustancias pueden ser componentes de algunos medicamentos.

 

A principios del siglo XX, con el desarrollo exponencial de la industria de síntesis química, se empezaron a utilizar en la agricultura los plaguicidas sintéticos, inicialmente plaguicidas organoclorados, como el DDT, el lindano, aldrin, endrin, etc. Se trataba de sustancias semivolátiles y persistentes, que aseguraban un efecto insecticida más prolongado sobre los cultivos. En un primer momento fueron una solución rápida, económica y fácil al problema de las plagas. Dichos insecticidas se utilizaron extensivamente desde la década de los 50 hasta los años 70. Sin embargo, posteriores  estudios científicos demostraron que esos componentes químicos se acumulaban en los tejidos vivos y aumentaban su concentración al ascender en la cadena trófica. Y se relacionaron con efectos nocivos sobre la salud: un incremento del riesgo de cáncer, origen de malformaciones y otras patologías. Consecuentemente, a partir del año 2000 los insecticidas organoclorados se prohibieron en numerosos países. A pesar de ello, todavía convivimos con sus residuos, pues aún se encuentran en los seres humanos y mamíferos en todo el planeta muchos años después de que su producción y uso hayan sido limitados

 

Pero la agricultura de producción intensiva ya se había acostumbrado a la utilización de los productos químicos, pues reducían algunas labores del campo, eran relativamente sencillos de aplicar, inicialmente baratos, y se podían repetir los tratamientos cuantas veces hiciera falta. Con la prohibición de los primeros insecticidas sintéticos, el sector agrícola necesitaba similares productos que utilizar. Y se trataba de un gran nuevo mercado para las empresas químicas. Además, las empresas químicas podían aprovechar para la agricultura los avances realizados durante la Segunda Guerra Mundial en el desarrollo de gases neurotóxicos de uso exclusivamente militar. Se desarrollaron y comercializaron para el uso agrícola los insecticidas organofosforados (malation, paration, etc) y los carbamatos. Los primeros son muy tóxicos para el hombre, aunque poco persistentes pues se eliminan en la orina. Consolidaron su uso agrícola a partir de los años 50, hasta la actualidad. Por otro lado, los carbamatos (por ejemplo el carbaril, o el propoxur) son poco tóxicos y poco persistentes. Menos eficaces por tanto en su acción como pesticidas y, por ese motivo, se usan menos en la agricultura, y más como insecticida domésticos. Tampoco se trata de compuestos totalmente inofensivos pues son relativamente solubles, tienen por tanto facilidad para contaminar las aguas.

 

La importancia de los efectos que puedan tener los insecticidas organofosforados y carbamatos sobre la salud puede ser comprendida cuando se estima que aproximadamente tres millones de personas se exponen anualmente a dichos agentes.

 

En años recientes se han desarrollado nuevos compuestos químicos que se aplican como insecticidas en la agricultura, como es el caso de los organoestannicos, los neonicotinoides (químicamente similares a la nicotina, y actualmente los insecticidas más utilizados), los piretroides (que emulan los efectos insecticidas de las piretrinas naturales), etc.

 

A pesar de los problemas que los estudios científicos están demostrando que numerosos pesticidas están causando en la salud y en el medio ambiente, se ha generalizado el uso agrícola de estos compuestos químicos en el control de las plagas. Realmente es muy difícil determinar el efecto de estos compuestos químicos en los organismos humanos. Puede tardar entre 20 o 30 años en manifestarse un efecto negativo en el organismo. Y la ciencia necesitaría otros 20 años para demostrar la relación de causa-efecto. Con dichos plazos de tiempo, cuando un producto eventualmente se retire del mercado, para algunas personas, para el medio ambiente, puede que ya sea tarde. Lo razonable sería que a la industria agroquímica se le exigiera comprobar los efectos de todas las sustancias de sus productos a priori, y no a posteriori, por los efectos que tiene sobre los alimentos y por tanto sobre la salud humana.

 

Que la agricultura de producción intensiva actual depende de los insecticidas químicos para el control de las plagas es un hecho. Según los datos de la Faostat, el organismo de estadística de la FAO, el consumo mundial de pesticidas se incrementa anualmente desde hace décadas. De las 45.000 toneladas de consumo mundial en los años 50, el uso de insecticidas químicos en la agricultura ha ido creciendo constantemente, con un significativo incremento en el año 2003. A partir del año 2014 el consumo mundial anual de insecticidas químicos superó los 3 millones de toneladas. La cifra es aún mayor porque las estadísticas no incluyen a la Federación de Rusia, que no aporta datos para la elaboración de las estadísticas. El ranking de consumo de insecticidas químicos es muy similar al ranking de los mayores países productores agrícolas. China, el mayor productor agrícola del mundo, es el país que más pesticidas utiliza (1,8 millones de toneladas), seguido por Argentina y México. Desde otra perspectiva, teniendo en cuenta la superficie cultivada de cada país, el consumo por hectárea más alto corresponde a Japón, Corea del Sur y Taiwan.

 

A pesar del uso generalizado de pesticidas para el control de plagas en la agricultura, no parece que el problema de las plagas y enfermedades de los cultivos esté solucionado. Porque la mera utilización de pesticidas no garantiza la eficiencia de los tratamientos químicos. De hecho, sólo un 30% de los pesticidas tiene efecto en el control de las plagas. Porque gran parte del producto se pierde por volatilización, escorrentías o lixiviación. El cultivo convencional requiere varias aplicaciones de tratamientos, de un conjunto diverso de componentes. Lo cual no sólo aumenta los costes, sino que también causa una grave contaminación ambiental y excesivos residuos de pesticidas en los alimentos.

 

Además, como consecuencia del uso repetido e indiscriminado de los insecticidas químicos sobre las cosechas, la presión evolutiva ha favorecido la resistencia a los mismos por parte de las plagas. Un fenómeno que se ha incrementado recientemente. Sin embargo, no hay duda de que las multinacionales agroquímicas ofrecerán a los agricultores nuevos productos que solucionen el problema. Porque ese sistema de cada vez mayor consumo de pesticidas para mayor beneficio de los fabricantes es el “futuro” de la agricultura que anhelan.

 

Es más, a pesar del incremento anual en el uso de pesticidas químicos, los daños de las plagas en los cultivos no se ha reducido significativamente. En un informe presentado ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Hilal Elver, Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, decía:

 

"96. A pesar de su uso generalizado, los plaguicidas químicos no han logrado reducir las pérdidas de cosechas en los últimos 40 años (E. C. Oerke, “Crop losses due to pests”, Journal of Agricultural Science, vol. 144, núm. 1 (febrero de 2006). A/HRC/34/48 24 GE.17-01059). Ello se ha atribuido a su uso indiscriminado y no selectivo, que hace que no solo mueran las plagas, sino también sus enemigos naturales y los insectos polinizadores. La eficacia de los plaguicidas químicos también se ve enormemente reducida por la resistencia que se desarrolla a ellos con el tiempo."


Aún actualmente, a nivel mundial, se estima que las pérdidas anuales de cosechas debido a las plagas y enfermedades oscila  entre el 20 y el 40 por ciento de la producción. En términos de valor económico, las plagas y  las enfermedades de las plantas le costó a la economía global alrededor de 220 mil millones de dólares anuales, y los daños producidos por insectos invasores, o plagas transfronterizas (un fenómeno preocupante, consecuencia del cambio climático y del comercio global)  alrededor de US $ 70 mil millones.

 

El grado de saturación de plagas para una región es la media de los grados de saturación de los países de esa región. El grado de saturación en un país es el número de plagas y patógenos actualmente presentes dividido por el número de plagas y patógenos que podrían ocurrir. Fuente Bebber, Holmens and Gurr, 2014. The global spread of crop pests and pathogens. Global Ecology and Biogeography, 23(12): 1398–1407.

 

Aproximadamente el 10% de las plagas y enfermedades de las plantas ya han infestado la mitad del países que podrían haber infestado. Y este fenómeno está aumentando debido a diversos factores, entre los que se encuentran el movimiento de materiales de siembra, el comercio internacional y el aumento global de las temperaturas. A pesar del incremento en el uso de insecticidas químicos en la agricultura, nuevas plagas arruinan las cosechas de aquellos lugares donde se implantan por primera vez.

 

Las promesas de incremento de las cosechas lanzadas al viento por empresas y lobbies no se han materializado. Los agricultores han perdido control de sus costes, y las malezas y las plagas serán cada día más resistentes al uso indiscriminado de los pesticidas. El futuro de los alimentos que realmente necesitamos involucra suelos saludables y sistemas de cultivo biodiversos.

 

La tendencia actual consiste en reducir el uso de pesticidas en el control de plagas, en unos casos volviendo a métodos adaptados de la agricultura tradicional, como el control biológico, en otros casos a través del desarrollo de semillas genéticamente modificadas para ser resistentes a plagas específicas. La ingeniería genética ha conseguido insertar el gen de alguna de las más de 200 tipos de proteínas Bt (producida en la naturaleza por una bacteria natural del suelo, Bacillus thuringiensis) en el genoma del cultivo, para crear una resistencia natural al insecto. Cuando la larva del insecto plaga ingiere la bacteria, se activa la proteína Bt en condiciones específicas de pH alcalino en su intestino y lo perfora.

 

Respecto al futuro de los pesticidas y el control de plagas en la agricultura, es la industria de las grandes empresas las que determinan el camino a seguir. En el informe previamente mencionado, la Relatora Especial sobre el derecho a la alimentación, ofrecía elementos de reflexión y debate.


"El derecho de los agricultores a evaluar tecnologías como los cultivos genéticamente modificados y sopesarlas frente a otras alternativas posibles también se ha pasado por alto en los supuestos de la teoría económica convencional (Daniela Soleri et al., “Testing economic assumptions underlying research on transgenic food crops for third world farmers: evidence from Cuba, Guatemala and Mexico”, Ecological Economics). De hecho, hay quien sostiene que el desarrollo de alternativas se ha visto socavado por el énfasis puesto en la inversión en tecnologías de ingeniería genética (Oye Ka et al., “Biotechnology: regulating gene drives”, Science, vol. 345, núm. 6197, 8 de agosto de 2014)."

 

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